La ciencia y el psicoanálisis

  • dic 2019

“[…] los psicoanalistas no están a la
altura teórica que exige su praxis”.1

Introducción: debemos rechazar las afirmaciones del tipo “El psicoanálisis es una ciencia”, “El psicoanálisis no es una ciencia”, ya que la lógica dual parmenídea “es o no es” (“hay o no hay”) resulta absolutamente insuficiente, no sólo por no admitir más que afirmaciones esencialistas, sino porque no existe un modo exclusivo que permita establecer qué es ciencia y qué es psicoanálisis. Para reflexionar con seriedad sobre este tipo de problemas –los modos de elaboración y evaluación del saber racional y transmisible y sus prácticas– es necesario partir, al menos, de las siguientes premisas: a) no existe un elemento específico para establecer lo que es ciencia en el sentido moderno del término; b) no hay consenso entre los epistemólogos sobre cuál sería el conjunto de las propiedades mínimas del saber racional para que sea considerado científico y c) tampoco hay coincidencia entre los estudiosos respecto a la estructura de las relaciones entre las propiedades consideradas.

Argumentos: entre los psicoanalistas la respuesta más frecuente a la pregunta ¿es el psicoanálisis una ciencia? es que no lo es y que es ciencia toda disciplina equiparable a “la física”, pero no abundan las elaboraciones que justifiquen la elección de la física como paradigma de la ciencia. Por otra parte suponen que “la física” coincide con lo que se ha popularizado del modelo newtoniano, pero sin respetar siquiera su propiedad fundamental: la plena matematización.
No se ha reflexionado –a pesar del denodado esfuerzo de Lacan sostenido durante más de treinta años de enseñanza– acerca de las siguientes cuestiones: ¿no es la matemática una ciencia? ¿Y la lingüística, las ciencias económicas y la medicina? Planteo que todas ellas pueden ser consideradas “científicas”, si bien poseen modos muy diversos de operar con el saber y las prácticas que habilitan y son muy distintas a lo que se cree que es “la física”, incluso “las físicas” lo son, dicho en plural ya que no constituyen, a pesar de lo que se cree, un modelo unificado.

El límite que impide que la comunidad de analistas se plantee estas preguntas radica en el prejuicio que sostiene que la ciencia es una disciplina empírica en la cual un investigador neutro observa reiteradamente a través de algo como un microscopio o un telescopio una porción de materia que permanece idéntica a sí misma, investida de una cantidad y un tipo de energía específica en un tiempo y un espacio considerados eternos e infinitos.
Se desconoce, a consecuencia de un fuerte obstáculo epistemológico tal como lo plantea G. Bachelard, que el tiempo y el espacio comenzaron de la nada hace alrededor de 13.500.000.000 de años, que el espacio-tiempo constituye un continuo, que la energía no es más que una constante numérica y que depende del “deseo” del investigador si lo supuestamente observado es onda (puro movimiento) o partícula (una porción de materia con una localización precisa en tiempo y espacio), incluso qué fue en el pasado. La materia y la energía –según el modelo cosmológico moderno más y mejor consensuado–, también surgieron desde la nada en el instante en el que el espacio y el tiempo comenzaron a existir. Nada de todo esto es conocido ni admisible por el prejuicio hegemónico que rige entre nosotros.

La existencia de la materia observable investida de energía, la observación neutra y la obtención de conclusiones a partir de repetidas experiencias idénticas, es una concepción de la actividad científica –el inductivismo– que es sostenida en la actualidad casi exclusivamente por M. Bunge; la concepción opuesta –el “hipotetismo deductivista”– que afirma que se parte siempre (lo que hay primero es) de una idea, hipótesis o pregunta y que lo observable y experimentable sólo adviene luego, es sostenida por todas las distintas corrientes epistemológicas del siglo XX (las originadas en las concepciones de Koyré, Bachelard, Kuhn, Lakatos, Popper, Feyerabend, Chalmers, etc.). Esto último es casi el único punto en el que todas estas orientaciones coinciden.

Más aún: las físicas modernas, como la relativista, la cuántica, la de cuerdas, etc., surgieron fundamentalmente, como también afirma Lacan, de experimentum mentis no de observaciones.
La última es una concepción de la elaboración del saber científico –tanto su estructura, como sus elementos, operaciones e imposibles intrínsecos– que sostiene que sólo en algunas oportunidades se accede a la contrastación empírica, la que nunca es absoluta y definitivamente confirmatoria de ningún modelo teórico (lo que se conoce como el problema del cisne negro).
Freud fue inductivista y sostuvo una posición idéntica a la del empirismo lógico del Círculo de Viena, Lacan fue un firme sostenedor del modelo hipotético deductivo.

En la historia del psicoanálisis se registró y se registra aún la oposición entre estos dos modelos que, para especificarlo mejor, puede ser caracterizado así: Freud concibió y planteó al saber y práctica del psicoanálisis en la lógica de lo que propongo llamar el “giro biologicista y naturalista” que sostuvieron un gran número de pensadores de su época y su cultura, quienes pueden ser caracterizados como “filósofos-médicos”. Para ellos lo primero es el cuerpo biológico con su materia (la sustancia viva) y sus energías (las pulsiones y la libido) y las vivencias inefables producidas por el encuentro con la realidad. Lacan lo hizo en torno a la articulación del “giro lingüístico” y el postulado estructural en íntima relación con las concepciones de las más modernas ciencias: las matemáticas (topología, números reales, cálculo infinitesimal, etc.) y las físicas (relativista, cuántica, de cuerdas, de supercuerdas, etc.). Todas ellas concebidas como ciencias formales. Así se arriba a dos concepciones opuestas de lo real: para Freud consiste en el encuentro de la sustancia viva y sus energías con los estímulos del medio, observables por un experimentador neutro; para Lacan lo real para el sujeto de la ciencia con el que practica el psicoanálisis consiste en lo imposible lógico matemático sostenido según la posición que asuma el ejecutante. Para Freud la ciencia de lo real es la biología, para Lacan la lógica matemática.
El verdadero problema, y para orientar hacia su fin estas breves notas, no es intentar contestar la pregunta: ¿es el psicoanálisis una ciencia?, sino plantearnos los psicoanalistas la crucial cuestión respecto a qué funcionará como apoyo, sostén o fundamento de nuestras reflexiones teóricas y su práctica asociada.

Para todos aquellos colegas que sostienen con gran firmeza que el psicoanalista es el resultado de su experiencia analítica, planteo una pregunta: ¿eso lo experimentaron en una serie de vivencias personales o se lo enseñaron como un axioma velado por su propia presentación de producto de sucesos acaecidos?
Podemos cuestionarnos respecto a las orientaciones posibles: ¿el psicoanálisis será una experiencia transmitida de un practicante a otro a través de vivencias individuales relativamente inefables (como son planteadas todas las vivencias de esta índole) o consistirá en un modelo teórico surgido en ciertas condiciones epistémicas que en su funcionamiento crea una práctica y los objetos sobre los cuales lo hace según una posición que funda quien lo busca y lo practica?
En relación al futuro del psicoanálisis: ¿se tratará de investigar, estudiar y reflexionar en el ámbito de las relaciones con otros saberes racionales y en especial los que poseen espíritu científico o de hacer experiencias personales sólo transmisibles de uno a otro?

Si fuese lo primero: ¿cuál será el modelo teórico más pertinente al psicoanálisis? ¿Aquel antiguo, y ya descartado por las ciencias modernas occidentales, que afirma que el sujeto es un derivado de oscuras fuerzas originadas en su sustancia viva individual que constituye cada uno de nuestros cuerpos biológicos o aquel otro que afirma que en sentido estricto no existen tales cuerpos encerrados en sí mismos y que el sujeto sólo será una instancia formal a deducir e interpretar en una estructura de lazos y bucles interpenetrados de parlêtres y el Otro, de lazos de eslabones significantes de cadenas significantes que participan de una red de discursos en relación a la cadena de eslabones de los tres registros?
Si acotamos la pregunta anterior: ¿el psicoanálisis que se deduce de las concepciones que Lacan propuso y sostuvo a todo lo largo de su enseñanza, como, por ejemplo: el inconsciente es el discurso del Otro; el deseo del hombre es el deseo del Otro; los modos del goce se ordenan fundamentalmente como goce del Otro y goce fálico por fuera del cuerpo; uno recibe su propio mensaje en forma invertida desde el Otro; el fantasma se constituye siempre en el campo del Otro; la pulsión es el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir; la libido es una superficie (bidimensional) externa que puede recubrir nuestro cuerpo; el yo es sólo un precipitado de las identificaciones al otro; el sujeto es lo que un significante represente frente a otro; el sujeto está dividido entre saber y verdad; etc., puede corresponderse a la ya antigua vulgarización de la física de Newton? ¿Pueden admitirse, en función de las propuestas del modelo teórico de Lacan, que se trata de un cuerpo sustancial individual investido de energías internas? Es del todo evidente que no.

Fue para despejar las resistencias de sus propios discípulos, que Lacan se vio obligado a crear para rechazar al otro modelo, los siguientes neologismos, entre cientos de otros: insubstancia, motérialisme (materialismo de los términos del lenguaje), parlêtre (habla®ser), contra-naturaleza, hontologie (vergüenza de la ontología), manque-à-être (falta en ser) y désêtre (de-ser).
Puede tomarse una idea de la inversión de la lógica propuesta por Lacan en relación a este conjunto de problemas si se considera que para él lo real no es la sustancia o materia tridimensional sino la ex-sistencia, lo imaginario no es lo que cada uno o la sociedad imagina sino la consistencia y lo simbólico no es el sistema de símbolos pactados sino el agujero.
Todo esto nos obliga a reflexionar respecto a qué modelo funcionará como fundamento orientador de las concepciones psicoanalíticas y sus prácticas derivadas: ¿aquel que se apoya en las ciencias (tales como la matemática, la física relativista, la cuántica, la lingüística, etc.) o el que lo hace sobre discursos religiosos (fe y credo en un Padre fundador), prácticas artísticas (fundamentalmente poéticas), prácticas sobre experiencias vivibles e inefables (místicas), filosóficas (lo que es el ser y, en especial el ser del hombre), etc.?
Nunca se podrá separar absolutamente entre todas estas prácticas, saberes, disciplinas y ciencias, pero el psicoanálisis no será el mismo si se elige una u otra orientación.

Conclusiones: El aparato psíquico postulado por Freud posee la espacialidad de un huevo tridimensional cerrado con su interior específico y un exterior absolutamente ajeno. Lacan, para el $, propone operar (concebir y practicar) con superficies inter y/o autoatravesables, que no distinguen entre interior y exterior y, además, algunas de ellas son imposibles en el espacio tridimensional. Para el sentido común hegemónico de nuestra época y cultura, cada uno de nosotros posee, como lo creía Freud, la espacialidad de una bola de billar con sus energías específicas y lo social funciona como un choque entre tales cuerpos: el malestar en la cultura. Se debe tener bien presente que aunque se suponga que el psicoanálisis se empariente fundamentalmente a una práctica sobre lo inefable individual tratado poéticamente y no con las ciencias formalizadas estas postulaciones no poseen otra fuente que una errónea y vulgarizada concepción de qué es ciencia, qué son materia y energía y qué es real. Pero la ciencia –en especial las físicas modernas– hace ya un siglo que sostiene que los cuerpos no consisten ni funcionan en absoluto de este modo. Indudablemente existen enormes diferencias entre las físicas modernas y el psicoanálisis, pero también las hay, aunque no iguales, entre ellas (las físicas) y las matemáticas, entre aquellas y las ciencias conocidas como “ciencias humanas”, etc. De modo que no se trata de si ciencia sí o no para el psicoanálisis, sino de cuál modelo de la misma se sostiene, se lo sepa o se lo desconozca. Si la estructura del sujeto es como la de un huevo, entonces el inconsciente y la pulsión son internos y el lenguaje, el Otro y el psicoanalista son externos; consecuentemente la propuesta entera de Lacan debería ser rechazada.
Todos nos orientamos según una teoría de lo real, la gran mayoría desconoce que se trata de una teoría debido a que una teoría afirma que es experiencial.
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1. Lacan, Jacques. El Seminario 14. Clase del 21 de diciembre de 1966. staferla.free.fr. p. 116. (traducción personal).

* Artículo publicado en la revista nº 182 de Imago Agenda, en Julio de 2014.