Psicoanalista didáctico

  • dic 2019

Entrevista realizada por Emilia Cueto.

Bajo el título “Es un hecho: existe un nuevo psicoanálisis” publicado en la revista Imago-Agenda realizó una crítica a Jacques-Alain Miller y al psicoanálisis sustentado por él. Así por ejemplo, califica su lectura de evolucionista por la exagerada diacronía que presenta y la considera “notablemente kleiniana”. ¿En qué se basó para estas formulaciones?
Me parece que como nadie Miller llevó al máximo desarrollo el primero, segundo y tercer Lacan; o el primero y segundo Lacan. Pero eso es de muchos autores. Lo que hace Miller y por eso es evolucionista es tomar lo que cree que es el último Lacan, el goce, y desarrolla la teoría del goce de Lacan a partir de donde éste último la deja; esa forma de trabajar es evolucionista. Es lo mismo que hicieron Anna Freud y Melanie Klein con Freud. Al final de su enseñanza Freud deja dos grandes temas: las partes inconscientes del yo (él mismo dice que es lo que hay que seguir investigando) y los aspectos inconscientes de la pulsión. Anna Freud se dedica al yo y Melanie Klein a la pulsión. Son continuadoras de Freud y trabajan con la concepción de que el saber continúa, como si fuese una flecha desde su origen hacia el futuro. Se lo puede llamar la flecha del tiempo con una metáfora física. Lacan tiene otra forma epistemológica de encarar la estructura del saber en psicoanálisis, aunque puede estar equivocada, a mí me resulta muy interesante y es el retorno, no la continuación.

En francés retourne es darle la vuelta, pegar un tour. El tour de Francia es pegar una vuelta en bicicleta. Retourne es darle toda una vuelta. Lacan no se propone como continuador de Freud, se propone como lector en la medida en que dice o intenta decir de qué se trató todo el asunto freudiano, de que se trató el Campo Freudiano.
Considero que hay que hacer eso con Lacan, pero no volver a los orígenes de Lacan, si no pegar toda la vuelta y discutir concienzudamente qué propuso, cuál es la diferencia con Freud, qué hay de novedad, cómo eso incide en la clínica, qué cosas estuvieron contradictorias consigo mismas en el texto de Lacan, etc.
Miller tiene otra lectura más parecida a la de Anna Freud y Melanie Klein, que es continuar donde Lacan dejó, seguir de ahí en más, que es la teoría del goce. Es indudable que el concepto que está casi todo el tiempo en la boca de la mayoría de los psicoanalistas lacanianos es goce. Creo que es efecto de una posición epistemológica en torno a cómo se lee en psicoanálisis. Por ejemplo, con un paciente no se lee: eso lo dijo en la primera sesión, pero lo que dijo en la segunda sesión es mejor y lo que dijo en la tercera es superespectacular y hay que tomar lo que dijo en la cuarta. No es así, lo que dijo en la cuarta quizás haya que leerlo a partir de lo que dijo en la primera y lo que dijo en la primera con lo que dijo en la cuarta, se arma un bucle con el decir.

No se lee como flecha en el tiempo el texto de un paciente y creo que en psicoanálisis está la polémica de cómo se leen los textos, si como flecha del tiempo o como bucle. Pienso que Miller impuso un estilo de lectura que no es nuevo en psicoanálisis, es el propio de los continuadores de Freud que fue seguir donde Freud falleció, tomar su pluma caída, seguir sus líneas marcadas. Y digo que es kleiniano porque me parece que por su fuerte sostenimiento del goce como concepto central se emparienta mucho con la posición de Melanie Klein, que me parece interesantísima.
Sería muy bueno que los psicoanalistas lacanianos supiésemos Klein para darnos cuenta que mucho de lo que creemos que es ultralacaniano es ultrakleiniano, pero como no conocemos Klein no podemos saberlo. Klein tomó la vertiente pulsional en psicoanálisis de la forma más radical como aquello que está más allá de la simbolización y creo que en eso Miller la retoma muchísimo sabiéndolo o no; no me queda claro qué lectura tiene él de Melanie Klein. Seguramente la leyó, pero no se si la leyó extensamente, puntualmente, últimamente, originalmente. No lo se porque en sus textos no se nota.

Siguiendo a Lacan, usted amplía las pulsiones formuladas por él e incluye la pulsión respiratoria, ¿cuál es la novedad que aportan sus desarrollos?
Varias. Al menos le digo cuáles para mí. La primera fue salirme de la idea de que con pulsiones nosotros designamos un ser en sí real, que hay en el cuerpo cuatro cosas que son cuatro pulsiones; es falso, no existe eso. Freud fue hablando de pulsión por problemas que fue teniendo en la clínica con sus pacientes. Nosotros podemos ir designando los problemas clínicos tal como hicieron Freud y Lacan.
Es a partir de la práctica psicoanalítica y del conjunto de conceptos, que uno va estableciendo el valor de pulsión, no es algo que tiene el cuerpo biológico. Lo segundo, me parece indudable –lo dicen los libros– que hay un incremento del malestar corporal manifestado como crisis de angustia y la angustia está fuertemente ligada a la respiración; eso es Freud, eso es Lacan. Angustia quiere decir angosto, porque se angosta el canal respiratorio, la relación angustia-respiración está en el mismo término angustia. En alemán y en francés también, no es una característica del español.

Mi impresión es que hay todo un sector de la clínica que nos está reclamando que prestemos atención a las cuestiones respiratorias, porque el malestar está firmemente vinculándose a lo respiratorio, por cómo se está manifestando la angustia que está fuertemente asociada al cuerpo. En general, si la gente dice angustia señala el pecho, o un poquito más abajo, el plexo solar.
La clínica de las pulsiones no son las impulsiones, la clínica de las pulsiones son las neurosis de transferencia. Además, creo que hay una cuestión muy fuerte en Occidente de malestar respiratorio vinculado fuertemente a la presencia de la angustia y consideré que estaba bueno producir investigación, desarrollos, armar un equipo de trabajo como lo hicimos y favorecer la entrada de esa problemática en la clínica.
Como hay agujeros corporales, como hay activo pasivo, estrada y salida, inspirar aspirar, como hay un objeto que se puede delinear ahí: el espasmo. Como Lacan propone estudiar la erogeneidad respiratoria en Subversión del Sujeto; por todos los trabajos hechos por Freud tan erróneos respecto a la respiración, al decir que el hombre cuando se para se separa de los olores por la separación de la tierra –lo que él llama la “represión orgánica” –, me parecía que cabía que estas investigaciones fueran designadas “pulsión respiratoria”, me parecía que era epistémicamente adecuado y conveniente.

Según su criterio la concepción lacaniana de lo psicosmático es la que mejor se articula al conjunto de las nociones psicoanalíticas, sin embargo –señala– deja zonas imprecisas y oscuras, ¿cuáles son esas zonas?
Lo que sucede es que con psicosomático uno se refiere a tres cuestiones. Chiozza y toda esa gente se refieren a la interrelación psiquis-soma, primera cuestión. Groddeck, el del ello y todo lo que viene a partir de ahí, lo psicosomático. Hay otra relación que es la que nos interesa más a nosotros y es cómo lo psíquico incide en lo somático y después está la teoría de Lacan sobre lo psicosomático.
El psicosomático de Lacan es ultrarrestringido, porque para que sea psicosomático de Lacan y participe de la serie: debilidad mental y psicosis en el campo de la holofrase tiene que haber una discontinuidad en lo real del cuerpo. Tiene que haber una sustitución en lo real del cuerpo de la zona erógena, con lo cual tiene que haber corte. Ahora, cómo entender ese corte, en la úlcera gastroduodenal es obvio, en la colitis ulcerosa también, pero en el infarto que se presenta esa línea como si fuese una cicatriz (los médicos así lo dicen), ¿eso es un corte? Es muy complejo contestar por si o por no, darían ganas de decir que sí, entonces habría que hablar de una discontinuidad, el sujeto viene con las células de una forma y se produce una discontinuidad.

Esta diferencia o esta dificultad para establecer las diferencias, ¿que implicancias –si es que las hay– tiene en la clínica?
Podría variar el diagnóstico. Podría tratarse si o no de un caso de extracción del objeto a y toda la posibilidad del análisis estaría en juego. El analista va al lugar del objeto a; si no hay extracción del objeto a, si no está inscripta la pérdida y es algo que se puede perder o ganar en las circunstancias de la vida, hasta el diagnóstico varía. A partir de eso propongo trabajar en lugar de neurosis psicosis, con la clínica del intervalo y la clínica de la holofrase. Esta diferencia de la que estamos hablando nos dejaría muy dudosos respecto del diagnóstico. En ese sentido el diagnóstico es crucial para ver si el analista debe orientar su práctica hacia un psicoanálisis o hacia lo contrario de un psicoanálisis.

Sería lo que sitúa en Las estructuras clínicas a partir de Lacan como la puesta en funcionamiento del inconsciente. ¿Las herramientas con las que cuenta el analista en el caso de lo psicosomático serían las mismas que en el abordaje de las psicosis?
En el caso del campo de la holofrase, bajo distintas formas, no opera ni el inconsciente ni el deseo. Justamente para Lacan la psicosomática aparece cuando el ser hablante en cuestión encuentra el deseo del Otro. Es muy común que aparezca la psicosomática en un casamiento, ante la aparición de una mujer, la aparición de un hijo. Cuando aparece el deseo del Otro en vez de contar con la maquinita del inconsciente que empieza a producir lo que sería la respuesta desiderativa de uno, el deseo de uno es el deseo del Otro, en la psicosomática se responde con el agujero, con lo cual no se trabaja ni con inconsciente ni con el deseo como deseo del Otro. En el caso de la esquizofrenia lógicamente que la clínica tiende mucho más a recuperar el lazo social, a sostener lo poco que hay, en el caso de un paciente con una psicosomática en el sentido de Lacan habría que trabajar cómo podría reposicionarse ese sujeto frente a la aparición del deseo del Otro.

A partir de Lacan, usted ubica a la respuesta psicosomática en relación con la holofrase del lado de las psicosis y la debilidad mental. En la conferencia que diera Lacan en el año 1966 en Ginebra: “El síntoma”, al referirse al fenómeno psicosomático dice: “todo sucede como si algo estuviese escrito en el cuerpo, algo que nos es dado como un enigma”. ¿Nombrarlo de esta manera –como un enigma–, no lo ubicaría más del lado del síntoma y la interpretación?
No. Hay que revisar qué quiere decir Lacan con “escrito en el cuerpo”. Lacan explica que está escrito en el cuerpo como un cartouche. Hay una película japonesa hermosa que se llama Escrito en el cuerpo, no es así. Es como un cartouche –lo que sucede es que se lo tradujo de otra manera en castellano–, como una etiqueta. Cartouche es como se escribían en los jeroglíficos los nombres de las personas. Champollión, cuando empezó a descifrar jeroglíficos, fue porque encontró el nombre de Cleopatra y Ptolomeo, y lo descubrió porque estaban escritos adentro de un cartouche, como si fuese una etiqueta.
Lacan dice que el escrito en el cuerpo de la psicosomática primero corta, está escrito como corte no como parálisis. La parálisis histérica también está en el cuerpo, pero está en el cuerpo entre comillas, ya desde Freud sabemos que no es el cuerpo de la anatomía, en la psicosomática está en el cuerpo tridimensional, es un corte, la piel se va, aparece el agujero. Lo que está diciendo Lacan no es solamente que se corta la piel sino que además lo que se inscribe ahí es el nombre propio, con lo cual no es un síntoma conversivo. Es el nombre propio lo que se inscribe en la carne.

* Entrevista publicada en la revista nº 96 de Imago Agenda, en agosto de 2005.